"Es más que curioso el hecho de que lo único que se me ocurre decir en mi defensa es que tu sonrisa no solo agradaba a mis ojos, que va; esa sonrisa tuya le gustaba a todo mi cuerpo. Tanto que, a media lengua de distancia, la única defensa que poseía era mi voz entrecortada susurrando un '¿Pero qué estamos haciendo?', el cual al parecer no hacía más que darte más ganas de seguir cometiendo ese 'qué', fuese lo que fuese.
Y yo era tu sumisa cómplice. Todo mi cuerpo recuerda, sin respetar horarios, las múltiples formas que tenías de cumplir con tus palabras. Y eso me encantaba.
Todo lo que me decías eran hechos, y supongo que eso fue lo que me enamoró de ti; además de esas camisas, perfectamente enmarcadas en tu espalda.
Tu cuello, tu olor, tus cremalleras.. No sé. Llámame loca si digo que fue contigo con quien aprendí que el exterior era igual de importante que lo que guardaba ese pecho tuyo.. Sí, eras tú, pero sin tus manos no podrías haberme cogido la cara de esa manera, tranquilizándome durante una más de mis caidas al vacío. Tus ojos, sin ellos no hubieras podido hablarme cuando las palabras eran tan vacías que hasta se las podía comer el eco que vivia en ese portal.
Tus brazos, tu boca.. Al fin y al cabo sería imposible quererte sin esas pequeñas virtudes físicas; tus sonrisas me enseñaban a ver todo aquello que tu orgullo no permetía decirme, y tus brazos.. Esos eran más. Mucho más, pues me demostraron que un tipo tan impasible como tú podía tener sentimientos.
Me abrazaron, me hicieron parte de ti y solo gracias a ellas pude, por primera vez, escuchar esas palabras en Morse que tú no sabias ni vocalizar, ni callar.
Pero dejándo los sentimentalismos, y siendo sincera, supe que quise volver a verte enredado en mis sábanas cuando conocí que, más allá de tu paladar, no paraba de funcionar una mente retorcidamente morbosa.
...
Todo lo que yo era y más se albergaba en tu disco duro. Y eso me asustaba, pues realmente me pensaba una de esas que nadie entrendía, pero que más de uno se dedicaba a describir, aún sin saber siquiera qué marca de ropa interior era mi favorita.
En fin, ¿Qué más puedo decir? Me habías catado y calado de pies a cabeza, quedándote en esa última cual huésped permanente durante noche y día, y lo peor es que venías con ese As en la manga que podía abrir todas mis puertas..
Eras de esos hombres que saben un pequeño detalle que ignoran la mayoría de las mujeres: Tenías más que claro que un 'Buenos días' de princesa no se susurra al oído, si no que se debía de sentir entre las piernas. Y demás perversiones que hacían pulular tu presencia en mi, cual polilla, comiéndose todos mis vestidos, vivencias y recuerdos viejos para dejarme con ganas de sorprenderte, renovando el armario y dejando que seas el primero en quitarme ese vestido nuevo que esperaba la mejor ocasión, y joder, ¿Qué mejor que contigo?".
cafeínasentimental.blogspot
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