En esos días en los que no salir de tu casa es lo único que te apetece, porque nada te motiva, y sientes que no tienes alegría ni emoción por nada.
Pues bien, es en esos días cuando hay que tener dos pares de ovarios y enfrentarte al mundo, mirarle a la cara y decirle: ¡Aquí estoy yo! y GRITAR, gritar tan fuerte que puedan oírte las estrellas y sentir, después de eso, cierto alivio en tu interior.

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